martes, 12 de enero de 2010

Los achaques de una economía reenvejecida

No hace mucho tiempo podíamos levantar nuestras cabezas orgullosas y decir que nuestra economía era fuerte, con un crecimiento por encima de la media europea. Que felices tiempos eran aquellos, donde reinaba la despreocupación y el optimismo, todo funcionaba a la perfección y todo el mundo sacaba tajada del momento. Y de un día para otro ¡zas! Se terminó el chollo. Una crisis financiera en EE.UU. hace temblar los cimientos de la economía a escala mundial y como España está en el mundo pues nos toca sufrirlo pero eso si, a nuestro estilo ya que siempre nos hemos caracterizado, o hemos creído hacerlo, por tener un estilo propio, made in Spain. Recientemente un premio nobel de economía nos ha vaticinado una crisis dolorosa en el mejor de los casos o muy dolorosa para nuestro país y seguramente no le falte razón, nuestro crecimiento ha sido un espejismo, una falsa de modelo basado en la construcción que se ha ido retroalimentando con la especulación de grandes y pequeños y que desde la clase política se ha permitido sin preocuparse de diseñar una alternativa. Se trata de la patata caliente que se han ido pasando de gobierno en gobierno para ver a quien le reventaba, nadie ha querido ponerle frenos puesto que generaba trabajo y riquezas a pesar de ser una mera ilusión, un sector sobredimensionado que tarde o temprano tenía que explotar por algún motivo y desde luego que el motivo ha sido el peor de entre todos los escenarios adversos que podían imaginarse, la mencionada crisis financiera. Y ahora toca sufrir las consecuencias de dos grandes crisis, la primera de ellas mundial, que tiene a los bancos temblando con todas las alarmas encendidas a la vez y mirando de reojo al de al lado mientras intentan parchear los agujeros negros que les han crecido en su interior y por otro lado la autóctona de la construcción que se ha ido cobrando víctimas y verdugos indiscriminadamente. En suma tenemos un reguero de parados diarios que no se sabe muy bien cuando terminará. Pero lo peor aún no ha llegado, todavía tenemos que tocar fondo y luego empezar a recuperarnos y es en este punto donde la clase política tiene que mostrar su valía que de momento parece escondida en algún recóndito lugar fuera del Congreso de los Diputados, debemos cambiar el sistema, mejorarlo. Es elmomento de tomar la iniciativa y desarrollar un nuevo modelo económico basadoen la diversidad productiva y en las energías renovables, tenemos la oportunidad de liderar un campo que a la larga se convertirá en fundamental para la supervivencia de cualquier empresa, un diamante en bruto que espera ser explotado. Pero la realidad es bien distinta, agobiados por la crisis sólo se pretende recuperar parte de lo que fuimos, poner suelo público en disposición de promotoras y constructoras para construir VPO (al menos eso ocurre en Andalucía), reflotar a los hundidos, en definitiva, dar un paso atrás, volver a un crecimiento por encima de la media para que la caída sea mayor y desperdiciar la gran oportunidad de crecimiento sostenido y de ventaja competitiva a largo plazo. En mi opinión, lo que ocurre es que la palabra “largo plazo” no existeen el vocabulario de los políticos y quizás sea esa la mayor debilidad que tiene la democracia, debilidad que sólo la valentía es capaz de subsanar,¿Estarán nuestros políticos a la altura de las circunstancias?

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